Sin no te retas, no progresas

¿En qué medida te desafías a ti mismo/a para hacer algo nuevo y retador? Me doy cuenta de que, si no nos ponemos pequeños retos a menudo, caeremos en la normalidad y eso no es nada bueno. No hay nada de malo en ser una persona normal, aunque a yo personalmente encuentro más estimulante ser una persona excepcional, única y genuina. Pero hoy te planteo una reflexión acerca de caer en una rutina de normalidad en tu vida y las posibles consecuencias que pueda tener esto en tu autoestima.

76

Buenos días querido lector. Espero que el mes de agosto te haya traído descanso, desconexión y mucha energía para retomar la vuelta de vacaciones con la mejor de las actitudes. Septiembre es un mes fantástico para los inconformistas como nosotros, solemos sentirnos más motivados de lo habitual y eso es excelente. Aprovechémoslo

La causa de muchas vidas insatisfechas es la escasez de desafíos. No tener desafíos ni retos nos sitúa en un estado pasivo de excesiva comodidad, en el que pasas a sobrevivir antes los avatares de la vida en lugar de vivirla con intensidad, sintiéndote el protagonista y no un actor secundario. Caer en este estado de normalidad puede tener efectos negativos:

  • Cuando te acostumbras a la normalidad, cualquier imprevisto que te manda la vida se hace muy cuesta arriba superarlo, porque no estarás acostumbrado a afrontar los cambios ni a pensar en nuevas soluciones. ¿Conoces a personas que ante una mínima complicación se agobian en exceso y se bloquean? Han caído en la normalidad
  • Cuando te acostumbras a la normalidad, el tiempo pasa más rápido gracias al estado de inercia en el que has entrado. No hay novedades, y sin la novedad entramos en la monotonía, y es aquí cuando sentimos que la vida pasa sin darnos cuenta.
  • Cuando te acostumbras a la normalidad, te vuelves más pesimista y lo negativo acaba por dominarte. Esto se debe a que tu cerebro primitivo está dominándote, y no quiere correr riesgos, por lo tanto se enfoca en evitar lo malo. Cuando esto sucede rechazamos la posibilidad de ver lo bueno.
  • Cuando te acostumbras a la normalidad, acabas aceptando los problemas como situaciones normales. Te vuelves una víctima de los problemas. ¿Conoces a personas que llevan años arrastrando problemas y no son capaces de solucionarlos? Probablemente se han acostumbrado.

Si entras en este estado de mediocridad, el resultado muy probablemente sea una frustración constante. Lo peor de esta sensación es que no sabes ni porqué, no entiendes los motivos de ese estado frustrante, tienes dudas y sientes incomodidad pero no le encuentras sentido, no sabes dar con la causa de ese malestar. La anestesia que te has inducido a ti mismo te impide encontrar soluciones. Te has acostumbrado a la normalidad.

76-1

Una persona que se reta a sí misma constantemente desarrolla un tipo de mentalidad creativa e inconformista con la que encuentra soluciones diferentes a los mismos problemas. Este tipo de personas se sienten empoderadas ante las circunstancias porque han conseguido superar desafíos anteriormente y gracias a eso han entrado en una espiral de pequeños éxitos que les aporta mejoras en su autoestima y dosis extra de motivación para seguir creciendo. Logran apalancarse en estados positivos que les permiten vivir cada día con ilusión, haciendo que los días sean más intensos y el tiempo no pase tan deprisa. Las personas que nos retamos constantemente en definitiva somos más felices.

Imagina que te encuentras en los últimos días de tu vida, te queda poco para despedirte de este mundo y una persona a la que quieres muchísimo te lanza la siguiente pregunta ¿Qué te ha faltado por vivir? Quizás algunas personas responderán que les ha faltado vivir ciertas experiencias o tener más posesiones materiales, o quizás haberle dado algo más a sus seres queridos. Pero estoy convencido que muchas personas se arrepentirían de no haber vivido con más intensidad sus días. Y esto es lo que nos devuelven los retos, vidas vividas con más energía y pasión.

Para ello debemos buscar ese plus que nos dan los retos. Buscar siempre el progreso y la mejora continua en cualquier cosa que hagamos, hasta que forme parte de nuestra personalidad. Subir el nivel constantemente hasta que no tengamos que pensar en ello, sino que simplemente nos veamos a nosotros mismos superándonos sin darnos cuenta porque inconscientemente hemos dado un poco más que antes, hemos mejorado la calidad del resultado que ya era bueno, hemos hecho lo mismo pero de otra manera para probar y ver si lo mejoramos.

  • Haz esa comida un poco más exquisita que la última vez. Imagina como se va a sentir quien la tome, cuando note que es mejor de lo habitual. Le vas a dar una alegría inesperada, que es la mejor de las alegrías.
  • Haz esa tarea rutinaria en menos tiempo cambiando el método. Habrás ganado unos minutos que puedes aprovechar otras tareas más importantes.
  • Haz ejercicio de forma más perfecta y precisa. Haz mejor tiempo, concéntrate más en sentir tu cuerpo, ponte objetivos y cúmplelos. Vas a mejorar tu salud mental y física.
  • Haz algo nuevo una vez por semana. O si lo prefieres haz algo habitual pero de otra manera. Rétate a cambiar para descubrir algo nuevo.
  • Haz esa muestra de cariño de forma más consciente, permitiéndote sentirla mejor y con la intención de que la otra persona reciba un cariño genuino.

Retarse para progresar y no caer en la normalidad es una actitud que cualquier persona puede elegir. Se trata de hacer lo que haces un poco mejor que la última vez, añadiendo un nivel más de complejidad para obtener un nivel más de satisfacción contigo mismo. De hacer algo nuevo para salir de tu zona de confort y darte una dosis extra de motivación. No hay excusas para desafiarte a ser un poco mejor cada día, solo hay motivos para hacerlo. Te sugiero que busques estos motivos para vivir en la actitud del desafío y los retos, para enterrar para siempre la mediocridad.

Que tengas un día ilusionante.

Deja un comentario